Laissez faire et laissez passer

Le Monde va de lui meme. Esta máxima de Vincent de Gournay, fisiócrata del siglo 18, ha inspirado desde siempre la filosofía liberal y neoliberal, al menos en el mundo pre-Trump y pre-Brexit.

Pues bien, el laissez passer (de las personas) se acabó por un buen tiempo. Industrias prósperas del capitalismo global, desde el turismo (quien se va a subir a un crucero?) hasta una buena parte de los servicios asociados al transporte de pasajeros estarán en crisis quizá terminal. El laissez passer de los bienes tendrá también un tremendo freno con las medidas de aislamiento de los países.

Pero qué pasa con el laissez faire? Pues dejó de existir, en un momento de fuerte activismo monetario y fiscal. Algunos han definido estos tiempos como keynesianos. No lo son, pues recordemos que así se denominan las políticas destinadas a sostener la demanda. Evidentemente las medidas globales que apuntan a sostener directamente los ingresos de los trabajadores van en esa dirección.

Pero muchas otras medidas tienen un carácter regresivo o con claros efectos secundarios negativos. Por ejemplo, la política monetaria que inyecta recursos baratos a los Bancos puede aumentar sus ganancias en vez de apoyar a sus clientes, pues como sabemos los "mecanismos de transmisión" de la política monetaria son extremadamente débiles en los países en desarrollo. La aversión al riesgo será el principal problema en el otorgamiento de créditos a personas y empresas. La amenaza de un derrumbe del crédito, como lo conocemos, es real e inminente.

Para qué decir de los efectos primarios y secundarios de la reducción de impuestos a las grandes corporaciones, una vez más los beneficiarios prioritarios del apoyo fiscal. Pésima política, en un momento en que estas corporaciones ya estaban desviando beneficios a guaridas fiscales.

Las opciones de un desarrollo diferente están sobre la mesa. Primero, un desarrollo desde adentro, en que el comercio exterior sea sólo uno más de los motores de crecimiento (las fronteras no se cerrarán por un par de meses, sino por un par de décadas pues el proteccionismo ambiente se ha fortalecido) . Segundo, un desarrollo anti-desigualdades, velando por reconstruir sistemas tributarios diezmados y fortaleciendo bancas públicas que atiendan a los pequeños emprendedores. Tercero, un desarrollo tecnológico acelerado, que ampare seriamente las políticas educativas y de salud a "distancia social". Cuarto, y no menos importante, un Estado eficiente proveedor de servicios públicos, como hace tantas décadas demanda la población de todo el Continente.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Principios y Directrices de Derechos Humanos en la Política Fiscal